Miguel Martín Díaz (Almería, 1963)
Miguel lleva casi cuatro décadas de servicio en la Guardia Civil mientras cuida de un hijo con un 68% de discapacidad, una realidad que ha marcado profundamente su vida personal y profesional. Su historia es la de un padre que ha sostenido su vocación entre turnos, destinos y responsabilidades familiares, encontrando en el esfuerzo diario y en los valores del rugby la fuerza para seguir adelante dentro y fuera del uniforme.
- Miguel, cuéntenos primero cuál ha sido su trayectoria en la Guardia Civil. ¿Cuántos años ha estado en servicio, en qué destinos ha trabajado y cómo ha sido compaginar esa vocación profesional con su realidad familiar?
Mi trayectoria en la Guardia Civil comenzó en julio de 1987, cuando recibí mi primer destino en el puesto de Camporrells, en Huesca, donde permanecí hasta julio de 1989. A partir de ahí pasé al puesto fronterizo de Irún, donde serví desde julio de 1989 hasta abril de 1992. Posteriormente fui destinado a Turre, en Almería, entre abril de 1992 y julio de 1993, y después al puesto de Adra, también en Almería, donde estuve desde julio de 1993 hasta julio de 2004. Más tarde pasé al puesto de Roquetas de Mar, donde trabajé entre julio de 2004 y abril de 2008. Finalmente, desde abril de 2008 hasta noviembre de 2019 formé parte de la USECIC de Almería.
Compaginar el servicio con la vida familiar no siempre fue fácil. En Adra, donde nació mi hijo pequeño, la situación se complicó especialmente porque no teníamos turnos y, además, fue allí donde se le detectó su discapacidad. Más adelante, ya en Roquetas, solicité trabajar preferentemente en turnos nocturnos para que mi mujer pudiera mantener su empleo y yo hacerme cargo de nuestro hijo, que necesita una atención constante y que actualmente tiene reconocida una discapacidad del 68%. En la USECIC la situación mejoró, porque los horarios propios de la unidad permitían que mi hijo mayor pudiera quedarse con su hermano cuando yo estaba de servicio.
- Su historia tiene una dimensión muy especial por su experiencia como padre de un hijo con un 68% de discapacidad. ¿Qué dificultades ha encontrado para conciliar las exigencias del servicio con las necesidades de su familia? ¿Ha sentido apoyo suficiente por parte de la administración?
No.
- ¿Qué medidas de conciliación le han ayudado, o le habrían ayudado en su momento, y si pudiera cambiar algo que sería?
En mi caso, no se aplicó ninguna medida de conciliación. Todo lo que se hizo fue por iniciativa propia: fui yo quien solicitó trabajar en turnos de noche para poder atender a mi hijo. Mis compañeros y mandos comprendían la situación, pero lo cierto es que, en cuanto a medidas formales de apoyo a la conciliación, la respuesta fue nula.
- Además de guardia civil, usted sigue vinculado al rugby, un deporte ligado a valores como esfuerzo, compañerismo y superación, también a través de su hijo. ¿Qué papel ha jugado esa experiencia en su vida y qué le ha enseñado sobre resiliencia dentro y fuera del uniforme?
Lo primero para mí es ver a mi hijo, que tiene 29 años pero con un desarrollo equivalente al de un niño de 12 y con síntomas de autismo, esforzarse cada día. Eso me llena de orgullo. Si él se esfuerza en ser mejor, yo también debo hacerlo, tanto dentro del uniforme como en la vida diaria. Esa experiencia te hace ser más comprensivo con el paisano y, al mismo tiempo, menos tolerante con quienes intentan aprovecharse del esfuerzo de los demás.
- ¿Qué retos siguen existiendo hoy en día para mejorar la conciliación en casos como el suyo, y qué pasos considera importantes para seguir avanzando?
Ahora mismo, en la UPROSE, al tener horario de oficina y coincidir bien los entrenos de rugby dos tardes a la semana, la conciliación me resulta más llevadera. Además, en el centro donde está mi hijo cuentan con un servicio de transporte que lo recoge en el domicilio y lo devuelve al mediodía, lo que facilita mucho la organización diaria. En general, creo que se debería priorizar más las necesidades de quienes tienen a su cargo a personas con discapacidad, especialmente a la hora de asignar puestos y horarios.